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El iris mágico, antología poética de Juan Ramón Jiménez

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Este es el homenaje que los alumnos del grupo de 1º ESO A rinden a Juan Ramón Jiménez, el autor de los poemas que aparecen en la antología poética El iris mágico, publicado en Vicens Vives y que hemos leído en clase. En él se pude apreciar nuestro Árbol de la Lectura, que con las lecturas del grupo cada vez está más frondoso.  ¡Muy buen trabajo, chicos! La realización de este vídeo se la debemos agradecer a Antonio Haro, que es un artista.

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Poetas modernistas

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Como sé que algunos se han quedado con ganas de saber más acerca de los poetas que hemos estudiado en el Modernismo y que sus poemas os han gustado mucho, aquí os dejo unos enlaces en los que encontraréis mucha más información sobre ellos. También hay un apartado en el que podéis encontrar una pequeña antología de sus poemas. Espero que disfrutéis.

Rubén Darío
Antonio Machado
Juan Ramón Jiménez
 

La princesa está triste…, ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro.

Está mudo el teclado de su clave sonoro,

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.

Parlanchina, la dueña dice cosas banales,

y, vestido de rojo, piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;

la princesa persigue por el cielo de Oriente

la libélula vaga de una vaga ilusión.

Rubén Darío

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Dí: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Estoy triste, y mis ojos no lloran

y no quiero los besos de nadie;

mi mirada serena se pierde

en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores

si está oscura y lluviosa la tarde

y no vienen suspiros ni aromas

en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;

está solo el inmenso paisaje;

ya se han ido los lentos rebaños;

flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,

una estrena brilló en los cristales;

estoy triste, mis ojos no lloran,

¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora

de los niños dormidos; mi madre

me mecía en su tibio regazo,

al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana

de la ermita perdida en el valle,

se entreabrían mis ojos rendidos

al misterio sin luz de la tarde…

Es la esquila; ha sonado. La esquila

ha sonado en la paz de los aires;

sus cadencias dan llanto a estos ojos

que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,

ya hay fragancias y cantos; si alguien

ha soñado en mis besos, que venga

de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren… No vienen…

¿Quién irá por el triste paisaje?

Sólo suena en el largo silencio

la campana que tocan los ángeles.

Juan Ramón Jiménez